Cuando apareció deambulando por la selva tropical africana allá por 2025, no le pusieron nombre rápidamente. No se animaron ya que su estado no era esperanzador. Por eso los expertos veterinarios en fauna silvestre advirtieron que no le dieran identidad por temor a agravar el dolor de una posible pérdida. Fue cuestión de paciencia y fe y llegó el nombre para el elefante de bosque africano huérfano. Agbaidor (que significa «valentía», «fuerza» o «el superviviente» en ijaw, una lengua nigeriana) se recuperó.
La cría se convirtió en un héroe para todos: el elefante vagó solo por el bosque del Parque Nacional Okumo, en Nigeria, una imagen sumamente inusual. Tras no lograr encontrar a la familia del bebé en la densa selva, el equipo lo puso bajo cuidado humano y en la actualidad, el proceso para devolverlo a la selva marcha con gran éxito.
Su presente
Agbaibor es prácticamente un niño pequeño ahora, con unos 17 meses de edad: mide 90 centímetros de alto y 1,40 metros de largo. Esos lazos tan fuertes son completamente naturales. «El elefante bebé necesita una madre a la que recurrir», explica Liz O'Brien, consultora en Zambia especializada en el cuidado de elefantes huérfanos y que se unió a la operación de rescate como asesora. «Y lo cierto es que esa madre es ahora mismo un hombre nigeriano de 30 años», agregó.
Peter Abanyam, que trabaja en el Parque Nacional, es a quien Agbaidor identifica como su mamá. Aún no está claro cómo la cría de elefante —que entonces tenía unos ocho meses y todavía no había sido destetada— se separó de su familia, pero los cuidadores sospechan que el grupo pudo haberse topado con cazadores y dispersarse al oír disparos de escopeta, machetes y trampas de hierro.
En primera persona
«Jamás imaginé que me convertiría en padre de un elefante», dice Abanyam. "Este es el primer caso de rescate de elefantes en Nigeria. Cuando ocurrió, no teníamos ninguna experiencia", remarca. El trabajo previo del equipo en el parque consistía en patrullar contra la caza furtiva y frenar la tala ilegal, no en el cuidado de los animales. “Pero la vida nos presenta desafíos inesperados, y debemos estar a la altura de las circunstancias”, declaró Abanyam para National Geographic.
La cría se alimenta con una mezcla de leche en polvo, coco, avena cocida y otros ingredientes para una nutrición específica, así como le brindan apoyo social para consolarla y ayudarla a desarrollarse sin su familia biológica. Los dedicados cuidadores de animales se turnaban para permanecer con el elefante las 24 horas del día dentro de un espacio cercado improvisado cerca del puesto principal de los guardabosques, arropándolo suavemente con una manta de algodón marrón para mantener su temperatura estable mientras dormía. Actualmente son cinco los que se desempeñan como cuidadores de Agbaibor.
La meta
El objetivo a largo plazo no es mantener a Agbaibor en cautiverio, sino liberarlo en su hábitat natural una vez que supere la edad de destete de los elefantes de bosque, que ronda los dos o tres años. Si bien es poco probable que una cría de elefante huérfana sea adoptada y amamantada por una nueva madre, los cuidadores esperan que, al ser un elefante algo mayor, pueda algún día reintegrarse a la sociedad de elefantes y a otros machos errantes en el Parque Nacional de Okomu.
En aproximadamente un año, cuando Agbaibor deje de tomar leche maternizada y empiece a comer alimentos sólidos, el equipo del parque irá reduciendo gradualmente el contacto con los humanos. Ya no lo alimentarán con mamadera, sino que buscará comida en su recinto. O'Brien espera que poco a poco deje de ir al recinto con tanta frecuencia. Con el tiempo, espera que el pequeño elefante "se olvide de los humanos".